¿POR QUÉ SE ENFERMAN LAS PERSONAS?

Hay dos causas principales que producen enfermedades y sufrimientos: la primera es física – La alimentación y respiración incorrectas – la segunda es psíquica – La reflexión y los sentimientos incorrectos.

Dentro de las causas físicas de la enfermedad, tenemos: inadecuados hábitos alimenticios (Exceso del consumo de harinas, carnes y edulcorantes), uso del cigarrillo o alcohol, vida sedentaria, falta de ejercicio y una respiración inadecuada.

En la actualidad parece claramente demostrado que mientras que el sedentarismo supone un factor de riesgo para el desarrollo de numerosas enfermedades crónicas, entre las que destacan las cardiovasculares por representar una de las principales causas de muerte en el mundo, el llevar una vida físicamente activa produce numerosos beneficios, tanto físicos como psicológicos, para la salud.

Dentro de las causas psicológicas tenemos el estrés (Ansiedad y depresión) y alteraciones provenientes de conflictos familiares, laborales y sociales, los cuales al no ser tratados adecuadamente y a tiempo alterar los sistemas orgánicos generando enfermedades en el ser humano.

No hay veneno más poderoso que los pensamientos, los sentimientos y los estados negativos del hombre. El miedo, el odio, la duda, la sospecha, son venenos, residuos que forman un depósito en la sangre y la envenenan.

Los pensamientos negativos de la duda, la incredulidad, tienen una influencia perjudicial sobre todo el organismo del hombre: el cerebro, los pulmones, el hígado, el corazón, sobre la vitalidad general y en consecuencia de ello el sistema nervioso se debilita y se agota completamente.

Los problemas digestivos y su relación con la psicología humana

Es importante destacar que nuestro sistema digestivo está estrechamente relacionado con nuestro cerebro y en especial con aquella parte cerebral que permite exponer nuestras emociones. Las emociones son respuestas que nos hacen humanos, tales como la felicidad, tristeza, miedo, ira, asco, sorpresa, entre otras.

Existe una patología que se relaciona mucho con nuestras emociones: es la de los problemas digestivos en general. Distintos estudios han permitido comprobar que es posible que las causas que atañen  a los problemas digestivos tengan relación directa con el llamado “estrés”.  El estrés es una respuesta que, desde el punto de vista biológico, funciona y ha funcionado muy bien, permitiéndonos sobrevivir desde la época de las cavernas; si nos perseguía una fiera en las estepas africanas, nuestra respuesta de estrés se activaba permitiéndonos huir o luchar frente a las amenazas. Actualmente, la misma reacción del estrés es desencadenada por distintos factores, como pueden ser: una conferencia que debemos dar al público, una fluctuante economía familiar o los cotidianos problemas personales y laborales.

Lamentablemente, a diferencia de otras especies, a los humanos se nos complica apagar el interruptor de la respuesta del estrés. La hormona que liberamos cuando estamos estresados es el cortisol, gracias a ella nuestra energía se desvía a funciones esenciales para preservar nuestra vida, tales como salir corriendo o luchar frente a alguna amenaza, volviendo al ejemplo de la fiera. Pero cuando el cortisol es liberado con demasiada frecuencia en grandes cantidades (así no sea en situaciones de vida o muerte) nuestro organismo empieza a sufrir efectos tales como: disminución del sistema inmunológico, inhibición de la inflamación, disminución de glóbulos blancos, con lo cual la susceptibilidad para desarrollar alguna enfermedad aumenta.

Un ejemplo de lo anterior es que sea común ver que en épocas de exámenes finales (fuentes de estrés) los universitarios se enfermen de gripa o tengan justamente problemas digestivos agudos. Efectivamente el estrés tiene ciertas implicaciones en nuestro cuerpo como mecanismo biológico para preservar nuestra vida; entre estas se cuentan el aumento de la frecuencia cardiaca, tensión muscular y la digestión. A fin de cuentas, nuestro cuerpo debe prepararse para huir o para luchar y por lo mismo debemos quemar energía y nutrientes, de lo cual se encargan nuestro estómago y nuestros intestinos. Así, es común ver que un estilo de vida con muchas cargas de estrés implique que nuestros ácidos estomacales descompongan la comida y la conviertan en energía para huir o luchar. El problema radica en que no diferenciamos las situaciones de vida o muerte de las situaciones cotidianas que tienen solución, forzando nuestro cuerpo a dar la misma respuesta, lo que nos lleva a producir distintas molestias gástricas.

Síndrome de intestino irritable:

Otro de los factores de importancia a tener en cuenta en nuestra salud digestiva tiene que ver con el denominado síndrome de intestino irritable (SII). Para entenderlo mejor, partamos por recordar que el hipotálamo es una estructura muy primitiva de nuestro cerebro que está configurada para evitar la inanición. Nuestros antepasados muchas veces sufrieron largos periodos donde el alimento escaseó, razón por la cual en la actualidad estamos programados para comer cuando podamos y acumular nutrientes para sobrevivir.

Sin embargo, otras variables han aparecido en el camino como la falta de tiempo y las comidas rápidas, procesadas, grasosas etc. que se han convertido en verdaderos verdugos del colon.  Es allí cuando surgen los malestares reclacionados con el colon irritable o síndrome de intestino irritable (SII), el cual es un conjunto de síntomas que incluyen distensión abdominal, diarrea y alteraciones en la función digestiva. De acuerdo a nuestra experiencia diaria en Vida Plena hay una fuerte relación entre el llamado distrés psicológico (sentimientos de angustia, preocupación, pensamientos negativos, pensar en los peores resultados etc.) con el SII. Para este asunto existen tres hipótesis:

  1. El vivir con SII por mucho tiempo conlleva a distrés psicológico
  2. Los individuos que de base tienen distrés psicológico suelen desarrollar el SII
  3. Otras variables presentes en los pacientes pueden generar tanto el distrés psicológico como la sintomatología del SII.

Con respecto a lo anterior, la investigación aún no es concluyente y no se sabe con certeza si ciertos rasgos de la personalidad o el distrés marcan una diferencia en el desarrollo del SII. No obstante, a la luz de los efectos de los tratamientos psicológicos sí hay evidencia, muy robusta, que indica los efectos positivos de incluir psicoterapia (o tratamiento psicológico) dentro del tratamiento médico del SII.

En este aspecto, es clave mencionar que el psicólogo ayuda a las personas a transformar pensamientos negativos que pueden mantener la sintomatología del colon irritable. Muchos pacientes empiezan a sentir que pierden el control de su vida por culpa de su colon, cuando hay mucho por hacer. Existen muchas creencias, ideas y pensamientos que alimentan el malestar y convierten estos problemas digestivos en un efecto bola de nieve: cada vez es peor.

Así, el psicólogo se convierte en parte sustancial en lo que respecta a ajustar todas las cogniciones que no estén permitiendo una mejoría.  Es importante concluir que si usted o alguno de sus familiares sufre con frecuencia de problemas digestivos o presenta un estrés palpable, debe condicionar su vida de tal forma que practique técnicas de relajación, de meditación y una serie de ejercicios regulares que le permitan liberar el estrés y paulatinamente recuperar el control de su bienestar y su salud.